Cuba: Isla Famosa

Un espacio para exponer mis ideas y reflexiones sobre Cuba y su gente

Perenne necesidad de la rima


Escasos libros hacen que los beba de un tirón, no por detracción hacia la lectura —nada más alejado de la realidad— sino por el ansia de conocer cada detalle de la obra , cada flaqueza o barrote indestructible, cada mueca.

Pero Alexis Díaz Pimienta es uno de esos autores que me ha condenado a la premura, que me incita a perseguir de una vez veinte, treinta o más poemas,  durante el viaje a través de su libro “En Almería casi nunca llueve”.

En esas páginas  conocí—y ya hace de esto varios años— los dones para la coherencia,  para el verso afilado y la destreza con la rima que posee este autor.

Pero no fue hasta otro ejemplar: “Yo también pude ser Jacques Daguerre” que Díaz Pimienta me consolidó  amante  definitiva de las buenas estrofas.

Las siguientes constituyen un ejemplo de ello,  espero las disfruten como yo lo hago unas doscientas veces al año,  número de ocasiones en que retorno a este texto:

Todo el mundo me decía:

¿Y para qué nos retratas?

¿No comprendes que así matas,

el hecho, el lugar el día;

que cada fotografía

es una tumba de luz,

sarcófago, nicho cruz

para los fotografiados?/ Lo decían preocupados /Y yo flash, flash, flash,

con sus rostros siempre detenidos /en un adiós, o un abrazo.

¡Les hice tan poco caso!

Grabé rostros aburridos,

gestos vanos, repetidos,

posturas intrascendentes,

guiños contraproducentes,

efímeras y efusivas

muecas de personas vivas;

fui enterrando sus presentes

en los féretros oscuros

de una kodak ¿Será cierto

que ahora todo aquello ha muerto,

que congelé sus futuros

en estos fríos y duros

rectángulos de papel?

Abro el álbum. Veo en él

La risa, el baile, los vasos,

Los ceniceros escasos

Y el humo nublando todo.

¿Pero son ellos? ¿No hay modo

De rehacer sus retazos

De nostalgia trasnochada?

No. El tiempo es un abismo.

Hay un hondo escepticismo

al fondo de la mirada

de todos.  Está nublada

la risa de los más viejos.

Las fotos son como espejos

rotos o descarados.

Parecemos fatigados,

como si desde muy lejos

viniéramos todos juntos

sin saber a dónde ir.

He comenzado a admitir

que parecemos difuntos,

que desde distintos puntos

vamos a la misma misa

Ahora es distinta la risa.

Ahora es mueca, miedo, asombro.

Cierro el álbum, me descombro

sobre la cama vacía.

¿Y qué hago yo todavía

con esta cámara al hombro?

 


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Esta entrada fue publicada el diciembre 22, 2011 por en Literatura.

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