Cuba: Isla Famosa

Un espacio para exponer mis ideas y reflexiones sobre Cuba y su gente

¡Qué pasión!…


Este artículo pudiera comenzar a modo de noticia de última hora, signado por el lead que engloba la reedición del clásico Barcelona- Real Madrid en la vuelta de los Cuartos de Final de la Copa del Rey, el miércoles 25 de enero.

Sin embargo, más bien la idea es sopesar algunas cuestiones, alejadas un tanto del maremágnum mediático, e inherentes a la subjetividad de aquellos que hacen llamarse “fanáticos del deporte más hermoso del mundo”.

Se trata de decodificar, de manera concienzuda y reposada, qué sucede con el fútbol, un deporte que suma y multiplica adeptos en cada jornada. ¿Qué hacen esas camisetas azulgrana, albicelestes, o verde-amarelas, para colmar estadios y conducir estados de ánimo?

¿Porqué— aunque parecido— no sucede igual con el nado sincronizado, la lucha libre o el triatlón? ¿Qué tipo de magia envuelve a las gradas de un partido entre clubes legendarios como el Barcelona y el Real Madrid?

¿Qué conduce a un joven asiático a seguir de manera furibunda la complicidad mediterránea que se establece entre Andresito Inhiesta y el balón o Iker Casillas y su solitaria portería?

¿Será una subliminal similitud entre aquellos circos de gladiadores y espadas que matizaban las tardes de la antigua Roma, y el deseo de show que aún pervive en la esencia humana del mundo contemporáneo?

O es el fenómeno definido cabalmente por la sentencia del periodista uruguayo Eduardo Galano, cuando en un artículo relativo al tema manifestó que «la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.»

Continúa el también escritor aseverando que «el juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.»

¿Qué sucede incluso en Cuba, un país eminentemente beisbolero, para que las jóvenes generaciones dejen de ser “industrialistas”, “santiagueras” o del Villa Clara, y se conviertan en barcelonistas y madrileñas.

¿Será que la enajenante maquinaria— esa que hace de Lionel Messi o de Cristiano Ronaldo productos comerciales expuestos tras las vidrieras del Santiago Bernabeu— la que atrapó a nuestros jóvenes de manera definitiva?

Será la insaciable necesidad de vender camisetas, shorts y demás atributos que recuerden el taca- taca del Barça o la zamba de la selección brasileña, la que conduce a una multitudinaria y global mimética de los trajeados y hasta las manías de los jugadores.

Porqué los conceptos Fútbol y Patria, enunciados por Galeano en su texto “El fútbol a sol y sombra”, lejos de hermanarse se distancian cada vez más, y hacen que figuras como Ronaldinho Gaúcho jueguen mejor en un partido de la liga española que en representación de su terruño durante su incursión en la selección verde-amarella.

Repensar estos asuntos siempre resulta válido, mucho más ante el fenómeno que hoy percibimos en todos o casi todos los parajes de nuestra geografía nacional, cuando—y enuncio a priori la estadística— uno de cada tres jóvenes prefiere seguir la Copa del Rey, en España que el campeonato nacional de Béisbol.

Interesante cuestión, insertada en una polémica que no empieza ni finaliza con estas palabras.

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Esta entrada fue publicada el enero 24, 2012 por en Insólitas cuestiones.

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